Cuando se trata de hablar de almacenamiento parece que los usuarios lo tenemos claro: disco duro en nuestro equipo de sobremesa y memoria flash para los datos que debemos llevar encima.

Sin embargo esta tendencia está cambiando, ya hemos visto equipos que contienen discos duros SSD (solid state disck) como el iPad, NetBooks y otros dispositivos pensados para ser móviles. Las ventajas de los sistemas de almacenamiento son claras: velocidad de acceso muy superior, menor consumo de energía, ausencia total de ruidos, muy ligeros y menos sensibles a golpes y vibraciones, por contra está su capacidad relativamente baja y su precio.

Con el aumento de la demanda y la  producción irán bajando de precio, pues de momento un disco SSD viene a rondar los 2€ por Giga frente a los 10 ó 20 céntimos que vale un Giga en un disco duro mecánico.

Los fabricantes también parecen tenerlo claro, aunque cada uno barre para su casa. Samsung, principal fabricante mundial de dispositivos SSD afirma que esta tecnología es el presente y que, a medida que bajen los precios, se impondrá en los todos los equipos. Los fabricantes de discos duros tradicionales son más cautos y hablan de convivencia: SSD para equipos portátiles y HDD para equipos de sobremesa.

Personalmente he trabajado con equipos empotrados que utilizan como unidades de almacenamiento tarjetas CF (que no dejan de ser una memoria FLASH con interfaz IDE) y pese a tener unas características de velocidad de lectura y escritura de risa frente a un HDD SATA estos equipos funcionan igual o incluso más rápido gracias a la desaparición del tiempo de acceso. Así que no quiero ni pensar el la velocidad que podrá alcanzar un equipo de sobremesa con un SSD SATA 3 a 6 Gbps… arrancar en unos segundos, abrir aplicaciones pesadas en un parpadeo, etc.

Adiós a los discos mecánicos
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