El dispositivo de realidad aumentada Google Glass todavía no ha salido al mercado, pero ya está en boca de todos aunque se encuentra en fase de pruebas. Más de 1.500 desarrolladores ya cuentan con su propias gafas, que cada semana amplía su catálogo de aplicaciones. Pruebas, test y un cierto hermetismo rodea este aparato que está llamado a revolucionar el mundo de la tecnología.

En la pasada edición de la conferencia de desarrolladores Google i/O pudo verse de cerca. Decenas de esas famosas gafas se paseaban de aquí para allá. Sus propietarios iban de aquí para allá. De las ponencias a los baños llenos de gente. Eso ha reabierto el debate sobre la privacidad del dispositivo, ya que tiene capacidad para grabar vídeos y tomar imágenes fácilmente mediante comandos de voz y gestos.

El dispositivo es «desconcertante» para algunos sectores como los administradores de los casinos, dado el potencial de grabar la intimidad. Allen Firstenberg, consultor tecnológico, explicaba en declaraciones a Reuters que ha estado usando las Google Glass durante una semana y que ha llegado a asustarle. Llegó a a entrar en un baño con el dispositivo sin darse cuenta. Puede hacer que sus usuarios olviden que las llevan puestas.

Otros analistas han insistido en que los dispositivos portátiles son el «gran cambio» de la tecnología, mientras que otros expertos consideran que puede haber un «mal uso» dada su capacidad de grabar sin darse cuenta el receptor. La polémica está servida. Glass tiene ya muchos admiradores que desean tenerlas en su poder, aunque habrá que comprobar cómo se comporta en el mercado cuando vean la luz.

Son exagerados esos temores acerca de la vulneración de la privacidad? Al igual que las cámaras de vídeo tradicionales, Google Glass muestra una pequeña luz intermitente con el objeto de que la gente sepa en momento en el que está siendo grabado. Michael Evans, desarrollador web, reconoce a esta agencia de noticias que se quitó el dispositivo en el cine. «Sólo pensé que no quiero ser el primer expulsado en la proyección de una película».

Eric Schmidt, el propio presidente ejecutivo de Google, le restó importancia a estas preocupaciones en una conferencia en abril. «Las críticas vienen de las personas que tienen miedo al cambio o las que no se han dado cuenta de que habrá una adaptación de la sociedad». Sin embargo, Schmidt reconoció que hay ciertos lugares donde el uso del aparato puede no ser apropiado, pero confía en que «las nuevas reglas de etiqueta social» se asimilarán fácilmente.

Allen Firstenberg aseguró que llevará tiempo para que toda la sociedad se sienta cómoda con esta nueva tecnología. Mientras llega al ciudadano común, algunos locales y organizaciones se han adelantado a prohibir su uso en sus instalaciones, lo que puesto en alerta a los legisladores de países como EE.UU. que están empezando a prestarle atención a Glass.

De hecho, el Congreso de EE.UU. ha enviado una carta al presidente ejecutivo de Google, Larry Page, pidiendo detalles acerca de cómo Google Glass piensa manejar la privacidad de las personas que no utilizarán las gafas y si va a incluir, finamente, el reconocimiento facial. Según Google no está previsto incorporar el reconocimiento de faciales.

«El hecho de que esté detrás Google puede provocar que usuarios duden de la privacidad», agregaba Marc Rotenberg, director ejecutivo del Centro de Información sobre Privacidad Electrónica, grupo de defensa de la privacidad, quien ha señalado que una de las principales preocupaciones se centra en el flujo de datos recogidos por el dispositivo y dirigidos a los centros de informacón de Google.

Ryan Calo, profesor de derecho de la Universidad de Washington especializado en privacidad, ha manifestado que la tecnología de Google Glass no es muy diferente de otras disponibles actualmente en «smartphones» o tabletas, capaces de grabar audio y vídeo.

Google Glass, entre la admiración y el temor
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